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El justo florecerá como la palmera

Por Susana Rodríguez de Porras

 

Salmo 92:12-14 “Como palmeras florecen los justos, como cedros del Líbano crecen, Plantados en la casa del Señor, florecen en los Atrios de nuestro Dios. Aún en su vejez, darán fruto, siempre estarán vigorosos y lozanos, para proclamar: El Señor es justo, Él es mi roca, en Él no hay injusticia”. (NVI)

Otra versión dice:
“El justo florecerá como la palmera, crecerá como árbol fino. Son como árboles plantados en el templo del SEÑOR, que dan hermosos frutos en el patio de nuestro Dios. Aunque estén viejos, seguirán dando fruto, como si fueran árboles jóvenes y fuertes”.

Cuando escuché esta palabra y medité en ella, me surgioron muchas preguntas ¿Por qué el Señor se referiría a los Justos? ¿Habla del creyente, el que es Justificado ante el Padre por Jesucristo, quien nos hace Justos? ¿Por qué nos llama a florecer como palmeras?…
Para empezar, nunca había visto la flor de una palmera. El fruto, sí, el coco; en diversas variedades y tamaños, he visto como cuelgan de sus ramas en pencas largas por racimos, a veces son unos coquitos diminutos, otras el que conocemos que es tan rico de sabor y que se usa y aprovecha en su totalidad.
Pero la flor…. ni siquiera me había percatado, pero si Dios se refiere a ella en este versículo, debía reparar en ella. Asi que investigué, y encontré una historia interesante acerca de la flor de la palmera.
La flor de la palmera es de la misma clase que la del pino y la de la piña, son inflorescencias. Para no aburrirlos con una clase de Biología, les cuento rápidamente que la naturaleza sabiamente repite sus especies exitosas, sus formas de reproducirse para subsistir.
Así que por eso la piña del pino se parece a la piña tropical y a la flor de la palmera, aunque las plantas y sus frutos son completamente diferentes. Tienen el mismo ADN.
Sus inflorescencias son muy parecidas, aunque son diferentes especies, el ADN es el mismo, la naturaleza repitió esa forma de multiplicarse porque demostró ser resistente y fuerte ante las adversidades del clima y los cambios repentinos.
Mientras leía, mi mente comparaba entonces la palabra con la información y buscaba similitudes.
El justo florecerá como la palmera.
¿Quienes son “justos”?
Justos entre las Naciones (en hebreo: חסידי אומות העולם ; transcrito como Jasidei Umot Ha-Olam) es una expresión del judaísmo empleada para referirse tradicionalmente al conjunto de aquellas personas de confesión no judía o extranjeros, a los que también denomina gentiles o noájidas, que merecen consideración y respeto por observar una conducta moral acorde con los Siete preceptos de las naciones y a los que, según esta creencia, les espera una recompensa Divina.
Los justos son aquellos que tienen una posición correcta delante de Dios. Gracias a Cristo, todos podemos ser rectos en la presencia de Dios y darle a conocer con valentía nuestras peticiones, si hemos aceptado su sacrificio.
Los justos tienen la mente de Cristo… Y así, hay muchas otras afirmaciones en la Biblia, acerca de los Justos.
Pero, ¿por qué la flor? Si no hay flor, no hay fruto. ¿Te has preguntado alguna vez el para qué de la belleza de las flores, y sus pétalos llamativos? Son para atraer a los insectos, las abejas que se posan en los pistilos a sacar el néctar para hacer la miel, y se llevan en las patas el polen y al posarse en otra flor la polinizan, y ocurre la fertilización, sólo despues de esto llega el fruto.
La palmera tiene que florecer para dar fruto también.
“El justo florecerá como la palmera”, el justo florecerá con belleza sin igual, para atraer a otros a la verdad de Cristo, quienes a su vez llevarán a otros el mensaje y “polinizarán” otros corazones. El Justo que permanence pegado al tronco, florecerá y dará fruto, ¡mucho fruto! No importa la edad… Es tan simple como eso. Pasar el polen de flor en flor… pasar el mensaje de Jesús de persona en persona, así será el fruto abundante.
Con su Poder dentro de ti, podrás florecer en el lugar donde estás. Sé esa persona que escucha, que da ánimo al cansado, al afligido, que acompaña al que sufre, que alimenta al hambriento, que viste al desnudo, que da de lo que tiene con compasión a los demás. Aunque no tengas mucho que dar, da de tu tiempo, de tu persona, de tu vida. Olvida la indiferencia, conmuévete con el dolor ajeno, bendícelos de alguna manera. Eso es florecer.

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